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De cómo las crisis desenmascaran

Escrito por Liberación 2000. Posteado en El Blog de Carmen

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Cuando todo va bien, cuando hay dinero, todos somos buenos e incluso inteligentes. ¡Qué fácil es navegar en la misma dirección que la corriente! Se hace una navegación cómoda, sin obstáculos y que permite disfrutar de la pesca de ganancias. Cuando el viento nos ayuda todo es menos complicado, pero ¡ay amigo cuando el viento cambia! Llega el monstruo, el coco, el susto. Y esta vez se hace llamar CRISIS. Y aquí es cuando todos nos quitamos las caretas.

  • El empresario al que antes podía tildarse de trabajador, ahora parece haberse convertido en el vago de turno. Durante una crisis hay que trabajar más, más horas y rendir en esas horas el doble que antes.
  • El que antes era inteligente, ahora, con la crisis, se ha vuelto un torpe. No era inteligencia, sólo le iba bien y se dejaba llevar. Ahora, cuando hay más necesidad, no salen las ideas ni las soluciones.
  • Antes de la crisis un individuo podía ser más independiente y estar algo más aislado; en estos momentos, todos somos más sociales, aunque sea a través de un móvil (hay que reconocer que, en persona, nos hemos aislado más que nunca).

¡Cuántas personas a las que tenía yo en un pedestal se han caído en estos años de crisis! Que triste me hace estar toda esta situación.

En estos momentos es cuando más patente se hace las carencias de inteligencia y la falta de buenas ideas. ¿Y cómo logran entonces las personas (algunas) mantener sus puestos? Pues a base de “ordeno y mando”. Algunas incluso me han recordado en alguna ocasión a aquellos dictadores que mandaban al paredón a aquellos que hablaban con sinceridad y exoneraban en cambio a los que aplaudían sus actos cual marionetas por miedo a las represalias.

El problema de estas personas, las que ostentan el cetro con soberbia, es que además no saben escuchar. Y se les va a pasar el arroz, si es que no está ya más que seco…

Soplan nuevos vientos y, aún así, parece que lo de escuchar verdades todavía no gusta. La verdad es difícil de digerir en muchos casos y, ni siquiera todos aquellos que presumen de ser abanderados del diálogo, soportan las cosas dichas sin tapujos. Con todo lo abiertos que creemos ser, ¿cómo saltamos de esa manera a la primera de cambio? ¿Qué clase de resorte nos ha “crecido” al final de la espalda?

Lo bueno que conlleva todo esto es que ahora nos conocemos más. Las caretas han resbalado y las falsedades han aflorado, regadas por la crisis. Una vez se disipa la nebulosa, todos somos capaces de ver qué sitio ocupamos en esta galaxia. Y esto es también algo muy difícil de averiguar: cúal es nuestro sitio en el mundo.

El sitio que cada uno tiene es muy complicado, por eso se pierde mucho tiempo también en poner a las personas en su sitio. Y no lo digo por aquellos que, por arrogancia y egoísmo, sólo saben quejarse de los demás sin ver los defectos propios; lo digo por aquellas situaciones en las que no sabes sin ponerte en una silla cerca de alguien que puedas aprender algo o presentarte en algún sitio que a lo mejor ya no debes, o todas aquellas situaciones que hace unos años eran normales y queridas y ahora con otros problemas, son diferentes.

Pero las caretas se han caído, o más bien se han transformado, convirtiéndose en tapones para los oídos, en vendas para los ojos y en pañuelos para las bocas.

Los tiempos están cambiando, nuevos aires entran por las ventanas y hay quienes todavía no se han enterado y quieren seguir viviendo de las rentas, del pasado, sin avanzar en la vida.

¡Qué pena siento por ellos! Pero al mismo tiempo ¡qué alegría para las nuevas ideas! Todo esto hace que mis horizontes se amplíen, con aciertos o errores, pero me siento viva y quiero seguir rodeándome de personas que sigan creciendo con esta nueva oleada.

¿Os dais cuenta de la moda? Se vuelven a llevar aquellos modelos de los años 60 ó 70, pero con tintes actuales. Pues así es mi vida ahora. Toda la experiencia de mis años anteriores ha valido para seguir luchando, sin miedo a los cambios, y saliendo a diario de mi zona de confort.

Y lo mejor de todo, ¡lo que me queda todavía por aprender, vivir y gozar! ¿Te apuntas al cambio? Juntos podremos superar todos los obstáculos físicos y mentales.

Yo me apunto.