La Navidad de mi infancia

Escrito por Liberación 2000. Posteado en El Blog de Carmen

felicitacion_navidad

Estamos en unas fechas importantes y muy bonitas y siempre me hacen recordar momentos vividos cuando era muy pequeña. Como he contado en varias ocasiones, nací en una familia muy humilde, siendo la pequeña de tres hermanas. Mis padres se sacrificaron para darnos una buena educación, aunque para eso suponía que los lapiceros se utilizaban hasta que no te cabían los dedos, se les sacaba punta con un cuchillo y la goma de borrar era la miga de pan. Cuando hacíamos dibujo técnico, usábamos el tiralíneas y cuando se producía un manchón de tinta, con una cuchilla de afeitar y siguiendo los pelos del papel, borrabas las equivocaciones. Yo he vivido esto si bien también llegué al rotring pero no porque no existiera antes sino porque mis padres no me lo podían pagar, eso fue un gran adelanto para hacer los dibujos técnicos. Como pone un Facebook yo soy de la época de la EGB, casi la primera generación de EGB.

Los inviernos los recuerdo mucho más fríos que ahora, quizás porque ahora en todas partes hay calefacción, pero cuando yo era niña las casas no estaban preparadas para las calefacciones actuales. Es más, cuando en Nacex empezamos a ganar algo de dinero, lo primero que hice fue regalar la calefacción en toda la casa de mis padres, tal es el trauma que cogí de esa casa y del frio que hacía. Cuando yo era muy pequeña, en la cocina había una estufa de leña y carbón, en ella merendábamos pan con aceite o mantequilla, oíamos la radio (creo que el consultorio de  Elena Francis y las telenovelas radiofónicas que era lo que le gustaba a mi madre), después de merendar podíamos ver un poco la televisión, programas infantiles, recuerdo a Herta Frankel y su perrita Marili, a otro personaje que se le levanta los pelos y decía “Que tengo miedo”, luego fue Locomotoro, Valentina y el Capitán Tan Tan y más tarde “Un globo, dos globos, tres globos” y así podría seguir interminablemente. Porque al final aparecieron los payasos de la tele. Aunque no teníamos para gomas de borrar si disponíamos de televisión y eso era posible porque las hacía mi padre, un mecánico hidráulico que se aficionó a hacer televisiones y por eso fuimos pioneros en tener en casa lo que otros tenían que ver en los bares y en los escaparates.

Como decía entre la leña de la cocina y un hornillo en una mesa camilla, nos calentábamos esos días de invierno. Recuerdo que por las noches, las sabanas estaban tan frías que mi abuela nos hacía unos patucos para dormir de ganchillo, ahora en vez de ganchillo se llama crouchet y es la moda, pero entonces se utilizaba de puro frío. Todo en la casa era de ganchillo: los cojines, las mantas, las colchas, los tapetes, los ponchos, las faldas, los calcetines, la ropa interior, todo de todo. Así nos pasa a nuestra generación, que entre la ropa interior de ganchillo de punto fino y el papel higiénico el Elefante todo lo que tenemos actualmente nos parece super suave, muy “Mimosin”.

Por lo tanto, el frío lo teníamos en los huesos bien metidito. En Madrid, es muy raro ver nevar, pero si recuerdo en aquella época ver mucha nieve y reírme maliciosamente más de una vez de alguna caída. Y todavía no entiendo cómo, con lo torpe que soy, no haya sido yo una de las que se cayera.

Esas Navidades, eran muy familiares y también con los vecinos. Si es verdad que entonces en Nochebuena y Navidad no habrían ni bares, ni cines, ni había pan, ni nada de nada, por lo tanto, en Nochebuena antes del cierre mis padres salían con sus amigos a tomar algo, después cenábamos en familia y posteriormente con los vecinos nos acercábamos a la misa del gallo. No es que fuéramos practicantes, aunque en esa época era casi obligatorio, pero era el momento de ver a todos los vecinos. Más tarde, en Navidad o Año Nuevo, nos íbamos a ver a la familia. No teníamos coche, por lo tanto, se hacía en autobuses, aunque parezca un chiste el que pasaba por mi barrio era el P2. Era muy cansado, íbamos a casa de una tía, todos hablando y saludando, luego a otra, y vuelta al autobús, que por supuesto estaba lleno. Hace pocos años, oliendo una colonia que utilizaba mi padre, me vino un recuerdo de esos momentos y como yo agotada me llevaba mi padre en brazos y yo apoyaba mi cara en su hombro y olía esa colonia.

Había poco alumbrado navideño, pero era precioso. Los vecinos reunían entre todos un dinero y adornaban las calles con luces y guirnaldas. También reunieron dinero para contratar a unos Reyes Magos para darnos los regalos. Con que ilusión vivía yo esos momentos. Hoy en día me pasa lo mismo, lo vivo como una niña, con mucha más edad, pero como una niña. Me emociona oír los villancicos, el tamborilero todavía me hace llorar. Los fuegos artificiales también me encantan y me emocionan.

Aprovecho que hay algún niño, aunque sea un sobrino nieto para ver la cabalgata de reyes del barrio y así cuando me emociono lo disimulo con el niño que tenga cerca.

Cuando mi hija era pequeña junto con mis sobrinos, me encantaba ir a la plaza mayor, al cortilandia, las luces de las calles, y me siguen apareciendo lágrimas de emoción.

Para mí las navidades no son tristes, todavía no se me ha muerto ningún ser querido que eche en falta en las cenas. Ahora nos reunimos en Nochevieja toda la familia, y estamos todos. Si es verdad que en Nochebuena, desde que me separé, no lo celebro con mi hija, pero cenaba con una buena persona que ese sí que me falta, pero siempre brindo con él y su recuerdo.

Era todo diferente, cantabas con gente desconocida y no tenías miedo de que esa persona te pudiera robar. Confiabas en todo el mundo. La paz y el amor estaban en todas partes, se respiraba y se transmitía.

Aunque también hay pervertidos como en todas las épocas, pero lo normal es que te relacionabas mucho más con los vecinos, compañeras del colegio, etc., porque mucha vida la hacías en la calle, también es verdad. No había tanto peligro.

El adorno de las casas era muy gracioso. Mi padre nos hacía un árbol de Navidad con alambres y nosotras hacíamos las decoraciones. Cuando tuvimos el primer árbol lo recuerdo adornando con esas cintas espumosas que juro que nunca más las he vuelto a poner y que cuando las veo en alguna tienda me entra salpullido en todo el cuerpo. Más tarde, aparecieron esas láminas plateadas y doradas para adornar el árbol, que las teníamos que guardar con mucho cuidado para que duraran varios años.

Yo creo que por todo esto tengo la costumbre de deshacer las cosas con mucho cuidado y reciclar todo aquello que se pueda romper, porque puede valer para otro momento.

Es una pena que no podamos poner música a esta entrada de blog, porque sería estupendo estar leyendo y al mismo tiempo estar escuchando música de Navidad. Yo ahora mismo lo estoy haciendo, por eso mi mente se está alejando cada vez más en unos difusos años, abrigada hasta las cejas, con jerséis con codilleras, pantalones con rodilleras o unos leotardos de lana azul, manoplas, pero cantando villancicos y con los ojos llorosos de la emoción.

Cada vez que me voy al centro de Madrid en esta época me vuelven a aparecer las mismas lágrimas de emoción de mi niñez.

FELIZ NAVIDAD, PROSPERO AÑO 2014 Y QUE LOS REYES MAGOS NOS TRAIGAN TODO LO QUE PUEDAN. Además como el Domingo es el Día de la Salud (porque no creo que tenga suerte en la lotería), pues: ¡MUCHA SALUD PARA TODOS!

Carmen Ruiz Atienza

Etiquetas:, , , ,

"Trackback" Enlace desde tu web.

Deja un comentario