Dejar pasar el último tren

Escrito por Liberación 2000. Posteado en El Blog de Carmen

Tren de vapor

Muchas veces, he oído esta frase y otras tantas yo misma las he pronunciado dentro de distintos entornos de mi vida, pero ahora me refiero al aspecto empresarial solamente.

Estamos continuamente oyendo frases como:

  • Las crisis da lugar a cambios;
  • Las oportunidades no se pierden nunca, si tú no las aprovechas otros lo harán;
  • Las oportunidades tienen fecha de caducidad;
  •  Sal de tu zona confort.

Y otras muchas que animan a la creatividad, al cambio, a la renovación, etc.

Si cogiera estas pocas palabras que he indicado y les pusiera un orden sería el siguiente:

  1. Hay que querer cambiar. No podríamos seguir hablando si se piensa que la crisis pasará sin yo hacer nada, me va bien como estoy, gano menos pero ya vendrán tiempos mejores. Si este es nuestro pensamiento no se llegará a ningún puerto. Tampoco si el cambio se produce porque los demás te obligan o te lo dicen, porque entonces no podremos llegar al punto nº 2.
  2. La creatividad es el fin del cambio. Una vez que tenemos interiorizado que el cambio es bueno y necesario, empieza la fase de creatividad. Al principio cuesta, hay que pensar en positivo y algo que sea atrayente. Hay que empezar desde cero, darle la vuelta y cuestionarse todos los puntos de la empresa, empezando por uno mismo, ¿por qué no?: autocritica y critica del entorno. Potenciar lo positivo pero de otra manera. No todas las personas podemos ser creativos, pero escuchando opiniones e ideas (participación) claro que se pueden conseguir cosas. Y si no, pues habrá que pedir ayuda externa. Los precios han cambiado, la vida en estos 7 años también ha cambiado. Son muchos años de crisis y no nos podemos quedar en épocas que parecen tan lejanas que las incluirías en un libro de historia o de pre-historia si cabe. En este punto, me ha venido a la cabeza una historia que me contaron en un curso de “inteligencia emocional”. Era la historia de una persona muy conocida de España que era contratado por muchas empresas para que arreglara la situación que tenía. Creo recordar que le reclamo una empresa del Japón porque tenía muchas bajas laborales entre sus operarios. Habían intentado todo lo posible, pero seguían perdiendo mucho dinero debido a dichas bajas. Él llegó a la empresa en cuestión y empezó a escuchar todo lo que le decían. Al final, bajó donde estaba la cadena de operarios y les hizo una pregunta: “¿Qué es lo que harían ustedes para mejorar sus condiciones de trabajo?”. Le respondieron: “Subir la altura de la cinta unos centímetros”. Algo fácil, barato y útil. Este era el motivo de las bajas: al tenerse que agachar para trabajar, sufrían dolores de espalda, piernas, brazos, etc., y eran las bajas. Con esto quiero decir que, escuchando sin egoísmo se puede ser creativo. Pero, ¿qué hacemos si en nuestro entorno no están dispuestos a contestar o no quieren salir de su zona de confort? Pues la obligación será de rodearte de personas que se muevan algo y abrir los pabellones auditivos y estar en alerta de palabras sueltas, caras, miradas y del entorno en general para coger la creatividad que se necesita para que se pueda pasar al punto nº 3.
  3. La Renovación. Es la fase más reconfortante. Una vez que te has decidido y que has trabajado las ideas, toca ponerlas en marcha. Es el parto del hij@ que llevas esperando desde hace meses y/o años y tienes que empezar a alimentar, educar, enseñar… todo. Te sientes orgullosa de la criatura, pero tienes que tener en cuenta una última cosa: tienes que estar abierta a críticas.  Puede pasar que en algo estés confundida. No pasa nada, es lógico, a lo mejor se te ha escapado algo. Acepta las críticas y conviértelas en cambios, en más oportunidades.

Como estamos en otoño, podemos hacer el símil con ello. Los árboles de hoja caduca empiezan a  cambiar sus hojas, se caen al suelo, el árbol coge fuerzas para que en primavera florezca con mayor esplendor. Es un ciclo repetitivo cada pocos meses. El árbol no espera años.

El problema viene cuando hay personas que se engañan o engañan a los demás, hablando de cambios y de renovaciones, pero ellos mismos no cambian. Para mí esto es penoso porque no sólo pierden la oportunidad sino que arrastran a un colectivo a sufrir lo mismo. Por desgracia, hay muchas personas de este estilo y no se puede hacer nada. Pero, tengo que decir a esas personas que a lo mejor son felices si consiguen renovar a los demás por obligación y no a sí mismos también, pero esta felicidad es pobre porque está basada en la impotencia de los otros y no en la creatividad y decisión de uno mismo. Sentirse orgulloso de ganar una batalla de esta manera hace que haya personas que pueden decir “He dejado pasar mi último tren”.

Yo no quiero ser de este tipo de personas y espero y deseo que cuando vaya cumpliendo más años no me llegue la tontería de creerme que tengo la razón por encima del mundo y que sea capaz de razonar lo suficiente para no perder la frescura que ciertos momentos nos repara y no oler a rancio.

Cojamos el tren, montemos en él, y como dice la frase de John F. Kennedy: El futuro no es un regalo, es una conquista”. 

Carmen Ruiz Atienza

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