Archiv para octubre, 2013

Historia de Halloween 5: El enano informático maléfico

Escrito por Liberación 2000. Posteado en Noticias

halloween5

Cada vez que pienso en esta historia, los pelos de mi cuerpo se ponen como escarpias, el sudor sale de mi cuerpo con una frialdad que hace que se estremezcan todos los huesos y aparezca la carne de gallina. Por desgracia para mí, es una historia que no para de ocurrir ni de crecer. Cuando parece que estamos unos días más o menos tranquilos, los enanos informáticos hacen posible que no se nos olviden que existen y que, aunque no sepamos donde se encuentra, EXISTEN. Son como las brujas, verlas no las vemos, pero están rezagadas en algún lugar del Universo y cuando menos lo esperas saltan a tu espalda.

En este caso, saltan de frente, miras la pantalla, la miras, la miras, y la vuelves a mirar, y todo está en el mismo sitio, no se ha movido ni un ápice. Te levantas para estirar las piernas, vuelves y sigue, y sigue y sigue en el mismo sitio. Pero, los enanos están trabajando, lo sabemos, porque de vez en cuando, no funciona nada, se apaga y aparece una pantalla negra. En otras ocasiones, cuando has conseguido avanzar el trabajo, mirando el reloj para conseguir salir pronto, lo que ocurre es que se cierra el programa, justo cuando estabas a punto de imprimir, todo perdido, de nuevo a comenzar. Tu cara parece un cromo, pegado a una pantalla de ordenador. La locura aparece en tu mente y ves a cientos de murciélagos que se van dirigiendo a tu cara, mueves los brazos con espasmos para quitarte su pegajoso contacto, pero es imposible. Los enanos han hecho que salgan automáticamente para hacer que pierdas tiempo y no te des cuenta de todo lo que todavía queda por hacer de trabajo.

Pero, estos enanos tienen vida propia, podemos llamarlos los elfos de los microchip. Cuando deciden salir a molestar, el ambiente se vuelve enrarecido, podemos ver rayos y truenos encima de nuestras cabezas, las venas de la garganta se hinchan y se ponen de color morado Semana Santa, los ojos se salen de las órbitas y mi color de ojos se convierte en un negro tenebroso -sobre todo teniendo en cuenta que son verdes-. Y lo malo es que son los Reyes del Mambo. Con el Papa hemos topado, querido Sancho.

Los informáticos deciden lo que te viene bien, lo que no te viene bien, cómo tienes que trabajar, cuando no puedes trabajar, etc., etc., Por eso, el cuento más tenebroso, lúgubre y triste de Halloween se lo dedico a esos desgraciados enanos que están en los chips de los ordenadores y que no salen cada 1 de Noviembre para celebrar la fiesta, están todos los días en nuestras oficinas, en nuestras casas, en la calle, en el espacio, en todas las partes, riéndose de nosotros y pensando “Esstaaisss eeen nnnuuuestttrasss mannnnos, insignificantes humanos”.

Historia de Halloween 4: El comercial diabólico

Escrito por Liberación 2000. Posteado en Noticias

Halloween4

La vida de un vendedor siempre es complicada y más aún cuando entras en sitios que nunca has estado y abres puertas que no sabes a qué o a quién te vas a encontrar detrás. Pero, hay que pisar fuerte y no parar ni acongojarse y hasta el fondo, pero con educación claro está.

Os voy a contar una historia terrorífica que viví en una de mis últimas visitas en las que intentaba cobrar unas facturillas que se habían olvidado.

Ese día, recuerdo que me levanté con un fuerte dolor de cabeza. Normal -me dije-, era el típico día nublado, húmedo y con mucho viento (de los mejores días para vender, ya que no hay muchos en la calle vendiendo, pero quizás no lo era para cobrar facturas pendientes….)  Aparqué en la puerta del cliente, era una fábrica muy grande, muy vieja por fuera y parecía incluso hasta abandonada. Solo su presencia desde fuera te daba repelús. ¡Madre mía, donde me estoy metiendo!

A lo lejos vi la caseta de seguridad y me dirigí hacia allí, me fijé que por la noche se debía de haber caído un cartel de publicidad gigante, debió de ser por el aire que hubo esa noche,  pero menos mal, por cinco metros de distancia no cayo encima de la caseta del vigilante que estaba al lado, sino hubieran acabado papilla, sentí de nuevo el repelús por la espalda de pensarlo.

Llamé al vigilante y se abrió una ventana, me asome y vi a un tipo que mediría dos metros de altura, un poco entrado en carnes (se le salía la camisa por debajo de la chaquetilla…), el cual, sin soltar un pedazo de bocata de chorizo, me dijo: ¡Dime, qué quieres! (Me dije: pues empezamos bien) Vengo a ver a “X” por unos asuntos que tengo pendientes de tratar con él. El vigilante gigante, me dijo con su tono de voz tan amable y con una peste de chorizo que daba miedo: “Tienes que atravesar toda la fábrica andando, porque no puedes entrar con el coche, serán unos 2 km. Ten cuidado con los camiones que no respetan a nadie y cuando veas una puerta naranja, te metes, que por allí estarán”. Con determinación, le dije: “OK, voy para allá”.

Esta fábrica es enorme y las “carreteras“ de acceso hasta donde tengo que llegar son laberintos muy estrechos y no paraban de pasar camiones gigantes, a bastante velocidad, entre mi persona y los camiones no había mas de un metro de separación, cada vez que me cruzaba con uno, me paraba y pegaba la espalda a la pared. Y solo veía camiones y ventanas, pero no veía a ninguna persona, aunque me sentía como si estuviera observado en todo momento. Tras cruzarme con 6 camiones, por lo menos, y verme casi atropellado, conseguí ver la maldita puerta naranja. Llamé a la puerta y allí no abría nadie, seguía sin ver a ninguna persona.

Me dije: no voy a llegar hasta aquí para nada. Así que, agarré la maneta de la puerta con decisión y abrí. Me dio en la cara una sensación de frío, humedad y un olor súper fuerte, que me hizo parar. Pero igual que antes decidí que tenía que seguir, subí unas escaleras y llegue a otra puerta con ventana de cristal. Me asomé, llamé y allí no había ni Dios. Así que, abrí la puerta y: “Hola! hay alguien?” y nada…. de repente, el olor que sentí al abrir la puerta se había duplicado y era hasta insoportable, mezcla de rancio, quemado, buff, ¡qué asco!, pero me fije en el suelo y ya me quedé blanco, empecé a ver huellas de alguien marcadas en el suelo, marcadas por algo que parecía sangre y no, no lo parecía, cada vez había más sangre y charcos gigantes de sangre. Automáticamente, mis piernas dieron un paso hacia atrás y oí en un tono inaguantable de sonido como chillidos. ¿Qué digo como chillidos? ¡¡Parecía que estaban matando a alguien!! Entonces ya sí que sí, me cagué y dije: “Oscar vuelve por donde has venido” y retrocedí hasta la puerta con ventana de cristal y la atravesé. Seguía oyendo los gritos al fondo, bajé las escaleras como un rayo y, de repente, se abrió la maldita puerta naranja, frené en seco y apareció un hombre de dos metros vestido de blanco con gorro en la cabeza, con guantes y botas hasta las rodillas y lleno de sangre por el pecho. Y me dijo: “pero chico, ¿dónde vas?” Y balbuceando le contesté: “vengo a cobrar unas facturas pendientes”. A lo que me respondió el gigante carnicero: “estás equivocado de puerta, estas en el Matadero, las oficinas son la siguiente puerta Naranja, a cien metros para abajo lo puedes encontrar”. Y entonces, me desperté de mi paranoia personal y me di cuenta de que estaba en un matadero de carne…….

Y por cierto, mereció la pena: ¡conseguí cobrar!

Historia de Halloween 3: No sin mi hija

Escrito por Liberación 2000. Posteado en Noticias

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Esta historia ocurrió hace algunos años, en la oficina de San Fernando de Henares. Un conocido nos pidió que, como tenía una hija que no quería seguir estudiando, si se la podía contratar. Era menor de edad y nunca habíamos hecho esto, pero por probar, pensamos no se perdía nada. Así lo hicimos, tuvo que firmar el contrato su padre porque al ser menor tenía que ser así. La verdad es que  le quedaba poco para la mayoría de edad.

Rápidamente, nos dimos cuenta que esa niña tenía una sensibilidad especial. Era demasiado delicada para este trabajo. Su edad biológica era de 17 años, pero su edad mental estaba lejos todavía de pasar la infancia.

Su mirada era extraña, no teníamos claro si era que no nos explicábamos correctamente o ella estaba oyendo otras voces diferentes a las nuestras. Podría ser que sus oídos pudieran percibir otros sonidos diferentes y que su visión fuera mucho más profunda que la nuestra.

La realidad es que, antes de que se cumpliera 15 días, tuvimos que romper el contrato. Ella lo entendió perfectamente, no había ningún problema, quizás no era la primera vez que le pasaba. Lo malo fue cuando se informó de ello a su padre.

La persona amable que había venido el primer día se convirtió en un ser agresivo, palabras mal sonantes, gritos en vez de susurros y amenazó que llegaría en poco tiempo y que estuviéramos preparados. Así lo hicimos, estuvimos inquietos esperando su llegada.

Por fin apareció, y la primera media hora, fue imposible decir nada en nuestra defensa. Parecía que de su boca salían murciélagos, rapiñas, sapos y cualquier otro animal que os podáis imaginar.

Mientras que esto ocurría, nosotros estamos pensando si nos volvíamos como él o bien intentábamos razonar con esa persona. Pero, ¿¿cómo le decíamos a un padre que su hija le quedaba un tiempo más de desarrollo mental? Con mucho cuidado se estudió las palabras que se tenían que decir, cuando conseguimos articular palabra, veíamos que la sangre iba a saltar por nuestras cabezas. Al final, la angelical hija intercedió por nosotros. Tranquilizó a su padre y se fueron maldiciendo por debajo a todas nuestras familias.

Y pensamos todos: ¿cómo una niña buena y angelical aunque con menos edad mental ha podido salir de alguien que no entraba en razón?

Historia de Halloween 2: Cristina y su bolso

Escrito por Liberación 2000. Posteado en Noticias

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Hace algún tiempo, en la oficina de San Sebastián de los Reyes, tuvimos una reunión con todo el personal. Se había hecho un curso de inteligencia emocional y se hizo una reunión para poner en práctica lo aprendido. Todos estábamos tranquilos y relajados, sólo estábamos pendientes del teléfono para atenderlo.

Nos pusimos a jugar con los ejercicios aprendidos durante el curso. Había risas en muchos momentos, en otros había tensión en el ambiente. En un momento dado, se puso el ejercicio más difícil. Había que definir a otra persona, cosas positivas y cosas negativas. Hay que averiguar como los demás nos ven no solo como nos vemos a nosotros mismos.

Al principio del ejercicio, todo el mundo reía, empecé yo a ser el blanco de las opiniones. En este apartado fueron rápidos todos. Es fácil criticar a la jefa. Muchos comentarios fueron muy interesantes para mí y también salieron cosas buenas, aunque fuera para relajar el ambiente. Lo malo llegó cuando empezaron entre ellos. Las miradas eran entre miedo, horror, temblor y sorpresa, no se lo esperaban.

Poco a poco, todos dieron su opinión sobre otra persona, al principio con timidez, luego cogiendo confianza con frases más completas. La tensión estaba en su máximo punto. Había recelos en esas miradas. ¡Vaya sorpresas que se estaban dando! De repente, estaba yo en el pasillo, yendo para arriba y para abajo, y cuando estoy de espalda a la calle, veo que pasan a mí alrededor dos figuras pequeñas, una por la derecha y otra por la izquierda.

Eran dos figuras muy pequeñas pero muy rápidas. Los bolsos, los móviles, el dinero, y nuestros cuerpos, estaban a merced de esas dos pequeñas figuras. Todo ocurrió tan rápidamente que no tuvimos tiempo de recoger nuestras pertenencias. Al principio, me di la vuelta buscando a los padres de las criaturas pensando que era algún cliente que había traído a su familia. No había nadie.

Pensando que eran expertas ladronas cogimos los bolsos. Pero los bolsos no les interesaban, sólo querían los móviles y los espíritus que dichos aparatos infernales podían absorber. Con la misma rapidez con que entraron, volvieron a salir y nosotros detrás, no sabíamos si habían cogido algo importante. Desde fuera nos dijeron: “no nos toquéis, va a venir toda mi familia y os van a pegar como nos toquéis”.

Parecía mentira cómo dos personas tan pequeñitas podían desprender tanto odio y maldad por esas miradas. Nos iban a maldecir de un momento a otro. Daban ganas de hacer la cruz con los dedos, tocarte la cabeza o besar la estampa de un santo si la hubiéramos tenido, pero no pudimos hacer nada, sólo intentar que no se notara cómo nos temblaban a todos las piernas. Nos avisaron que volverían con toda su familia, tuvimos el miedo metido durante días, esperando que apareciera todo el clan. ¡Qué monada de infancia!

¿Preparadas para robar o para meternos el miedo en el cuerpo?

Historia de Halloween 1: El miedo en las venas

Escrito por Liberación 2000. Posteado en Noticias

Halloween1

Un día de noviembre, frío, lluvia, mucha lluvia. El agua resonaba en el techo de metal de la nave, el ruido era cada vez más fuerte. Carlos, mensajero de Liberación 2000, esperaba impaciente que se le diera trabajo. Como buen empleado y experto en tormentas sabía que ese día podía terminar en rayos y truenos, y prefería estar ya guarnecido en la plataforma y no en la carretera conduciendo. Efectivamente, en pocos segundos, la oscuridad se hizo patente, el granizo sonaba en el techo como meteoritos cayendo. Cuando la tensión del momento estaba al límite, ocurrió lo impensable: ¡se marchó la luz!

Todo estaba a oscuras, menos mal que habíamos hecho un pedido de linternas Nacex y todos nos pusimos a encenderlas. Como es nuestra obligación llamamos al CAF para notificar nuestra situación. Mientras esperábamos que todo se arreglara, Josito tuvo una genial idea: ¿por qué no nos ponemos las linternas en la cara y contamos una historia de miedo?

No nos dio tiempo a empezar, Carlos empezó a correr por la nave y se metió debajo de una mesa. ¿Qué había pasado? ¿Por qué un hombre que está fuerte y hace deporte se ha metido debajo de la mesa? ¿Es que hay algo que le pueda asustar? ¿Ha visto algo para que esté temblando?

Se empezaron a oír unos ruidos macabros, una respiración fuerte pero al mismo tiempo demasiado rápida. La oscuridad, el ruido en el tejado, hicieron que todos viéramos fantasmas en todos los lados. ¿Quién me ha rozado? ¿Qué es esa luz que se ve en el despacho?

Me acerqué a Carlos, le vi temblando, sudoroso, el pánico reflejado en su mirada. Me asusté, ¿qué podía haber pasado para que un grandullón estuviera en ese estado? No hay nada ni nadie que le asuste, pero esta vez era diferente. No articulaba palabra, solo señalaba a algo que parecía que se movía, porque sus dedos marcaban posiciones diferentes cada vez. Mi cabeza giraba al ritmo de sus dedos, parecía la niña del exorcista, cambiando de dirección de un lado a otro rápidamente, pero ¿qué puede estar viendo que se puede mover a tanta velocidad? Cuando miraba a un sitio, me señalaba otro. Y él seguía debajo de la mesa. Al final, pude comprobar el monstruo al que hacía referencia. Mientras que unos cogimos las telas que podíamos para lanzarlas contra el monstruo, otros fueron a por un spray de matar bichos. Entre todos lo conseguimos, el asesino, cruel, feo monstruo había sucumbido a nuestros expertos actos. Tembloroso todavía y dudando de que lo hubiéramos conseguido, salió de su escondite, comprobó que todo estaba bien, la luz se hizo de nuevo, y por arte de magia, dejó de llover y todos seguimos trabajando mucho más relajados y con el monstruo derrotado.

El abejorro terminó en la basura

Un poco de indignación mezclado con injusticia

Escrito por Liberación 2000. Posteado en El Blog de Carmen

Oficina

Hoy me encuentro un poco indignada, en realidad bastante indignada. Como ya he contado, a lo largo de mi vida he vivido momentos de rebeldía, de lucha contra las normas, sobre todo cuando dichas normas son obligatorias y sin dar ninguna explicación. Las injusticias siempre me han sacado de mis casillas.  Ha habido momentos de ir contra corriente por defender unas ideas o pensamientos. Según han pasado los años, en vez de ir relajándome, muy al contrario, ha habido momentos de acrecentarse, aunque me he encontrado con grandes paredes. Pero sigo luchando contra las injusticias y me sigue enervando que no haya medios para quejarse o negarse, o que no haya nadie que te haga caso o que te solucione un problema. Durante las entradas del blog, he contado situaciones que provocan mis indignaciones y seguiré contando muchas más con total seguridad, pero hoy contaré una que me ha pasado estos días y que creo que es la gran demostración de hasta donde llega la locura de ciertas cosas, y así se comprenderá muy bien mi indignación.

Las empresas normalmente públicas, nos piden hacer un montón de estadísticas y nos piden información que tenemos que dar sí o sí. Yo no sé si les toca a todas, lo que yo sí tengo claro es que a mí me han tocado varias, y además con la coletilla de que si no participo en las estadísticas pueden ponerme una multa de entré 3005.07€ hasta 30.050,61€. Fijaros en el detalle de las decenas y los céntimos, no solo no se conforman con poner una multa de mucho dinero, sino que además ponen la puntilla en las decenas y los céntimos. ¿No os parece irónico?

Hasta ahora, hacíamos unas 3 estadísticas para diferentes entes públicos cada año. Y que digo yo, ¿no podrían relacionarse entre ellos y pasarse los datos? Así, nos ahorraríamos todos trabajo. Estamos en el siglo XXI, nos ponen la firma digital para que podamos ahorrar trabajo a la administración y en cambio no hacen unión de datos para no estar repitiendo lo mismo una y otra vez. Bueno, pues estas estadísticas hasta ahora eran una vez al año, costaba un poco porque mínimo hacemos tres, pero era pasable. Lo malo viene cuando recibo una carta de una de ellas comunicándome que necesitan unos datos del mes de septiembre, también con la coletilla de que si no contesto, la multa que tendría que pagar. La carta la recibo cuando estoy haciendo el cierre del IVA, y compruebo que me ponen fecha máxima para la entrega de la cuenta el día 7 del mes siguiente al que me piden. Entiendo que el día 7 de octubre, es decir, la fecha que más o menos me lo mandan. No doy crédito.

Se lo paso a la gestoría. Yo pensaba que había salido ese mes a voleo y mi empresa por lotería. Mi gestora me informa que cree que me lo van a pedir todos los meses y durante cuatro años. No doy crédito a lo que me está diciendo. A los pocos días, recibo la llamada del ente en cuestión, una mujer muy amable que con el tiempo llegaremos a ser íntimas, me comunica lo mismo. Sigo anonada y asombrada, pero con mucho cuidado le pregunto si me puedo quejar a alguien, me dice que no, me recuerda entre risillas la multa. Insisto: “esto es injusto,  no puedo estar pendiente del correo mensual y dar unos datos mensualmente. Hacienda lo hace trimestralmente, no es posible. ¿Y cuándo me vaya de vacaciones también?”. Es lo que toca, me dice. Además tengo que darme con un canuto en los dientes, porque para las grandes empresas son todos los meses de todos los años. “Sí, pero ellos son grandes, no soy yo. Además, ya hago la anual”. “Sí, pero te ha tocado” “Pero, ¿por qué?” “Porque quedan pocas empresas y menos van a quedar”. Tenemos que dedicarnos a nuestra empresa y no de estar pendientes de encuestas”

Al final, no hay ningún sitio para quejarse, lo tengo que hacer sí o sí, y no tengo defensa posible. ¿No os parece o injusto?

Esto me ha recordado otra injusticia, que hasta hace poco, era obligatoria también. Se trata del pago a las cámaras de comercio. Teníamos que pagar el IAE y el impuesto de sociedades a ellos sí o sí (aparte de a los Ayuntamientos y el Estado). Todos los años tocaba pagar y ¿para qué? Pues no lo sé, porque digo yo: si quieren socios, que lo paguen los socios, pero no por obligatoriedad porque a día de hoy no sé qué beneficios tenía porque pagaba. Una vez, entré para ver si podía conseguir algo y encima me decía que tenía que pagar también. ¡Pero si ya estaba pagando! Es alucinante.

Igual que, nos recortan de todos los sitios en los presupuestos, pero siguen dando dinero a otros que deberían pagarlo sus socios. Ya sabéis de que y quienes hablo, ¿verdad? Pues que se lo den a la investigación, a las personas que necesitan ayuda, o a los hospitales y que se lo quiten a todos estos entes, que luego encima son los que están todo el tiempo en los telediarios con temas judiciales.

¿Es injusto o no es injusto? Para mi es enervantes ¡Tengo una impotencia por no poder solucionar estos temas!

Carmen Ruiz Atienza